La farmacología empieza en la nutrición.

Actualizado: jul 9

14 vitaminas, 28 minerales, 9 aminoácidos, 2 lípidos y O2 (continuacion del blog anterior)


PROTEÍNAS: Como nos recuerda Osumi Yoshinori, “La vida es un continuo equilibrio dinámico entre la degradación y la síntesis de proteínas.” La continua transferencia de energía y sustancia que sostiene a los seres vivos depende enteramente de las proteínas, de las cuales los humanos probablemente tenemos entre 98.000 y 200.000 tipos funcionales específicos[1] en nuestro organismo. En consecuencia, adquirir la materia prima para construirlas es fundamental para la existencia. Estas complejas sustancias están formadas por aminoácidos, que como ladrillos se unen para construir el edificio proteico. Como te imaginarás, las proteínas son indispensables en la formación de músculos y órganos y para sintetizar hormonas (mensajeros químicos del cuerpo) y también enzimas (aceleradores biológicos). La provisión nutricional de estos “ladrillos” orgánicos es no solo indispensable para el funcionamiento normal, sino crucial durante el embarazo, la infancia y la madurez, tres momentos de la vida en que es especialmente útil apoyar la ingesta nutricional y compensar cualquier deficiencia. En la Naturaleza se han aislado unos 900 aminoácidos en total, pero nuestro organismo usa solo 20 aminoácidos específicos para construir proteínas. De estos, nueve son esenciales, lo que significa en este contexto que no pueden ser sintetizados a partir de otros ya presentes en nuestro organismo, y deben por tanto ser ingeridos en la dieta. Los 9 aminoácidos esenciales son: Histidina, Isoleucina, Leucina, Lisina, Metionina, Fenilalanina, Treonina, Triptófano, Valina.


[1] Siguiendo la hipótesis de "un gen = una proteína", debería haber al menos ~20.000 proteínas humanas no modificadas (canónicas). Teniendo en cuenta los productos de empalme alternativo (AS), los que contienen polimorfismos de un solo aminoácido (SAP) que surgen de polimorfismos de un solo nucleótido no sinónimo (nsSNP), y los que se someten a PTM, hasta 100 proteínas diferentes pueden potencialmente producirse a partir de un solo gen.


Es en este punto donde la cuestión de la correcta dieta humana se vuelve más compleja. Resulta que las proteínas provenientes de tejidos animales (músculos, órganos o leche) proporcionan todos los aminoácidos esenciales, teniendo además concentraciones relativas adecuadas. En cambio, las proteínas vegetales pueden carecer de varios de estos elementos esenciales o tenerlos en cantidades dispares, por lo que su aprovechamiento es escaso. Así, el grado de utilización de las proteínas de origen vegetal difiere mucho del de las proteínas animales. En otras palabras, aun si ingerimos cantidades semejantes de ambas, el grado de aprovechamiento de la proteína animal ingerida será muy superior. Para asegurarse de obtener todos los aminoácidos esenciales en la proporción y cantidad adecuada para nuestra especie, incluye una variedad de proteínas en la dieta, como órganos, huevos, lácteos, nueces, sésamo y otras semillas oleaginosas.

GRASAS: Las grasas constituyen una categoría de nutrientes esenciales que literalmente arman las membranas de nuestras células, además, tanto como el 60% del cerebro es grasa. Los ácidos grasos primarios Alfa-linolenico (ALA) y Linoleico deben ser incorporados con la alimentación. Su presencia en la dieta permite la absorción de vitaminas, regenera los nervios y ayuda a proteger los órganos. Sin duda, algunos tipos de grasas son perjudiciales para el organismo, en particular los aceites vegetales poliinsaturados de soja, maíz, girasol, altamente oxidables y proinflamatorios. Las grasas trans, que se encuentran en los alimentos procesados ​​y la bollería comercial, dañan el interior de los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de enfermedades cardíacas. En el contexto fisiológico adecuado, esto es, con suficientes vitaminas antioxidantes y niveles bajos de glucosa e insulina, las grasas constructivas que la Humanidad ha consumido por milenios, reparan el cerebro, la piel y los órganos, sin producir daño vascular alguno. Estas grasas de buena calidad se pueden encontrar en nueces, aguacates, pescados y animales terrestres debidamente alimentados (free range). Se ha descubierto por otra parte que una clase especial de grasas, los ácidos grasos omega-3, combaten la inflamación, optimizan el cerebro y apoyan a la función cardíaca. A diferencia de otros ácidos grasos, el organismo humano no puede crear omega-3 por sí mismo a partir de otros lípidos –la definición misma de esencialidad- por lo que es indispensable tener fuentes de este en la dieta. El salmón, la caballa y las sardinas contienen ácidos grasos omega-3 ya biodisponibles, que no requieren mucha energía para su aprovechamiento. Las fuentes vegetales incluyen semillas sésamo, lino y diversas nueces. Estos alimentos contienen una forma inactiva de omega-3 que tu organismo debe "humanizar" antes de poder usarla, lo cual solo se logra en pequeñas cantidades. Si sigues una dieta restrictiva, incorpora suplementos a base de aceite de pescado o algas.


VITAMINAS: Como ya hemos explicado in extenso, las vitaminas son compuestos orgánicos que actúan como facilitadores de las reacciones bioquímicas dentro de las células, es decir, son catalizadores biológicos. Mientras que la carencia absoluta de cualquiera de las vitaminas esenciales causa una espantosa muerte, su deficiencia en la dieta puede acarrearse por muchos años, generando enfermedades de todo tipo, desde patologías metabólicas, infecciosas o psiquiátricas, hasta patologías cardiovasculares y tumorales. Las vitaminas esenciales son: Vitamina A, Vitamina C, Vitamina D, Vitamina E, Vitamina K y todas las Vitaminas B (tiamina, ribloflavina, niacina, folato, pantotenato, piridoxina, cobalamina, biotina, colina). La vitamina A es vital para la función de la piel y la retina, mientras que la vitamina C es absolutamente indispensable en la estructura de los cartílagos, todo el tejido conectivo o “cemento” celular que da consistencia a nuestros tejidos y órganos, además de la estructura ósea y muscular. El Sistema Inmune se inutiliza por completo sin vitamina C. Sin la vitamina K, nos desangraríamos tras sufrir un corte o un desgarro interno, pues la coagulación depende de ella. Por su parte, la vitamina D es infaltable en el desarrollo (y posterior mantenimiento) de los huesos, la médula, así como la función cardiovascular, nerviosa e inmunológica. Como prueba de su inmensa importancia, basta considerar que todas las células del Sistema Inmune poseen en sus membranas receptores VDR (Vitamin D Receptor), y que sin niveles abundantes de esta vitamina –superiores a 40 ng/mL- tanto la inmunidad innata como la adquirida resultan devastadas.


Salvo que se consuma la totalidad del animal (tomando incluso partes enteramente crudas como el hígado y las mollejas) ningún alimento común proporciona todas las vitaminas, oligoelementos y lípidos esenciales en cantidad suficiente. Se necesita por lo tanto una dieta diversa. En el caso de estar siguiendo una dieta restrictiva de cualquier clase, no hay nada de malo en tomar un suplemento multinutricional para llenar los vacíos. Es inconcebible tener nada parecido a una buena salud sin los micronutrientes que estamos describiendo, y debes recordar que en muchas enfermedades, es la ausencia de nutrientes –no de fármacos- la causa patológica primaria.


MINERALES: Como no podía ser de otra forma, dado que la vida orgánica evolucionó encima de una enorme roca, los minerales son otra categoría de micronutrientes esenciales, y cada uno de estos oligoelementos cumple funciones cruciales en la célula. Los minerales requeridos por el organismo son todos esenciales ya que no podemos sintetizar ninguno. Ellos son: sodio (Na), potasio (K), Hierro (Fe), magnesio (Mg), zinc (Zn), fósforo (Ph), calcio (Ca), cobre (Cu) y, probablemente, manganeso (Mn) y varios otros cuya función no está clara. El calcio es esencial para la salud ósea, la función muscular y nerviosa y la circulación. El 99% del calcio del cuerpo se localiza en los huesos y los dientes. El calcio se encuentra en productos lácteos, verduras de hoja verde y pescados como las sardinas y el salmón. El sodio es otro nutriente esencial que se ha ganado una mala fama, pero mantiene nervios y músculos funcionando correctamente. El cloruro de sodio (la sal de mesa) debe consumirse con cuidado. Se puede encontrar naturalmente en nueces, verduras, carnes y legumbres, pero la ingesta debe limitarse a alrededor de una cucharadita de sal. Los Inuit, jamás usaron sal hasta la llegada de los europeos, así que obtenían sodio y cloro directamente de los tejidos animales que comían. Entre otras muchas razones, conviene evitar los alimentos procesados, congelados y enlatados precisamente por su alto contenido de sal y azúcar.


Como has visto, la vida humana se sostiene gracias a unos 40 nutrientes absolutamente indispensables e infabricables (ergo, esenciales) y muchos otros nutrientes semi- o condicionalmente esenciales. Son ellos pues, el fundamento de la salud, e intentar enderezar nuestro organismo malnutrido solo con fármacos, es sencillamente una estrategia incorrecta.



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