AJO CRUDO COMO ANTIBIÓTICO

Actualizado: mar 16

Liquidar parásitos intestinales, neumococos pulmonares o Helicobacter pilori estomacal es tarea fácil para el ajo crudo. Empleado correctamente y en cantidad suficiente, en su estado crudo fresco, el ajo es probablemente el agente bactericida local más poderoso de la naturaleza. El ajo mata en minutos al Helicobacter pylori, la peligrosa bacteria que vive en el estómago de los humanos y genera las condiciones para la aparición de la halitosis, la úlcera gastroduodenal y el cáncer de estómago. Su extenso uso en la Medicina China Tradicional tiene un notable ejemplo en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar (TB), en la cual se lo utiliza en forma de inhalaciones para aniquilar al Micobacterium tuberculosis. Para propósitos antibióticos, cuando quiere tratarse una infección estomacal deben usarse diariamente unos tres dientes de ajo masticados concienzudamente en ayunas, en tanto que para las infecciones respiratorias se requieren veinte o treinta dientes (2 “cabezas”) recién machacados, para hacer las inhalaciones. Ver instrucciones detalladas más abajo.


El ajo es un alimento poderoso y multifacético, cuyas propiedades lo convierten en una verdadera medicina. Ya una vez dentro del torrente sanguíneo, cantidades en torno a los 10 gramos elevan los niveles de la enzima glutatión peroxidasa, un importante antioxidante y detoxificador celular. La alicina y los oligosulfuros del ajo apoyan el normal funcionamiento de las plaquetas, los corpúsculos sanguíneos encargados de generar el coágulo sanguíneo que detiene el sangrado en las heridas. Esto es relevante porque, más allá de sus funciones antihemorrágicas, las plaquetas contribuyen también a la defensa antiviral generando anticuerpos y citoquinas. El ajo puede actuar como un agente quelante (es decir, secuestrante) del hierro, el plomo, el aluminio y otros metales pesados que tienden a acumularse en el cuerpo. Incorporado continuamente en la dieta, el ajo contribuye a proteger la estructura y función del endotelio vascular. La relevancia de este efecto radica en que el endotelio vascular –el tapiz viviente que recubre el interior de nuestros vasos sanguíneos- cumple funciones regulatorias cruciales, al tiempo que las lesiones endoteliales son nada menos que la causa primaria de la aterosclerosis. Comer regularmente cantidades generosas de ajo regula la presión sanguínea elevada y fortalece la “energía” del Riñón y el Pulmón. El concepto de energía vital o Qi (pronunciado Chí) designa en la Medicina China Tradicional al conjunto de fuerzas que sostienen los procesos naturales en el cuerpo. Esto incluye los potenciales eléctricos de membrana, el ATP, la función de los neurotransmisores, y otros elementos. Desde el punto de vista energético, el ajo sirve también para expeler el “frío patógeno”. Nada mal para un humilde condimiento.

Fig.1 El maravilloso ajo (Allium sativum), es probablemente el más potente antibiótico natural en existencia. El Helicobacter pylori, una bacteria que habita en el estómago y produce ciertas substancias orgánicas, llamadas nitritos, que causan gastritis y predisponen al cáncer de ese órgano. Tomados en ayunas, tanto el ajo, el té verde y el ácido ascórbico ayudan también a liquidar con eficacia a estas bacterias patógenas.



Instrucciones para el uso medicinal del ajo:


1. Para tratar la infección estomacal crónica por Helicobacter pilori, se debe masticar y tragar uno o dos dientes de ajo crudo en ayunas. Esperar unos minutos antes de desayunar para permitir su acción. Otro recurso es cortar de 3 a 5 dientes de ajo en pedacitos muy pequeños y tragarlos todos juntos como pildoritas, de una sola vez. Esto no es tan efectivo como masticarlos, pero funciona igual una vez que llega al estómago, dejando menos olor a ajo en la boca. El tratamiento debe repetirse por 7 días.

2. Para tratar las infecciones respiratorias, machacar rápidamente dos cabezas de ajos crudos –que dependiendo del tamaño serán 20 o 30 “dientes” de ajo- colocándolos de inmediato en un cuenco limpio para inhalarlos profundamente por la nariz. El procedimiento dura unos dos minutos, y consiste en inhalar por la nariz y exhalar por la boca de manera continua y tranquila –con los ojos cerrados- todo cuanto sea posible. Dado que el jugo fresco de ajo crudo es sumamente cáustico, los bordes del cuenco deben secarse antes con papel de cocina para no quemarnos la nariz ni el labio superior, que sin duda estarán en contacto con este. Dado que el efecto antibiótico del ajo crudo depende de ciertos ésteres volátiles, el proceso de machacar (majar) los ajos debe ser rápido y eficiente, y las inhalaciones deben hacerse de inmediato. De ese modo se aprovechará la ventana de oportunidad –que dura unos seis minutos- tras lo cual la potencia antibiótica de los vahos despedidos por el ajo declina considerablemente.


Nota: Emplear antibióticos sistémicos para matar al Helicobacter pilori es como intentar matar un mosquito a cañonazos: se destruye al mosquito, y también a todo el vecindario. Los tratamientos antibióticos afectan la totalidad del organismo, causando una disbiosis generalizada. La extensa mortandad causada por los antibióticos a la microbiota intestinal genera un serio desbalance en la salud y nos hace propensos al ataque de nuevas y más peligrosas bacterias, como la Salmonella pneumoniae, usualmente mantenidas a raya por las bacterias amigables de nuestra microbiota.


Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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