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  • Ernesto Prieto Gratacós

CONÓCETE A TI MISMO


¿Qué nos mata? Antes de emprender cualquier plan serio con vistas a incrementar nuestra energía, rejuvenecernos y prolongar los años vitales de nuestra vida, es imprescindible saber contra qué estamos luchando. En este sentido, podemos obtener una pista inicial en las estadísticas médicas y datos demográficos, que indican las causas de muerte humanas.


Infartos, cánceres y ACV (Accidentes Cerebro-Vasculares) generan en conjunto casi el 73% de las muertes en los países desarrollados. Estos tres enemigos que producen nuestra muerte prematura -esto es, antes de los 110 o 120 años, lo cual se considera nuestro potencial genético de existencia- tienen cinco factores comunes: oxidación, inflamación, glicosilación, hipoxia y declinación hormonal. La acumulación de daño tisular y del ADN (ácido desoxirribonucleico) causada por los radicales libres es bien conocida. Los radicales libres son moléculas altamente inestables y reactivas que tratan compulsivamente de combinarse con otros compuestos. Esto es útil en pequeña escala porque una moderada cantidad de radicales libres inutiliza virus, bacterias, células cancerosas y compuestos tóxicos; pero la sobreabundancia de estas moléculas “promiscuas” causa estragos al unirse indiscriminadamente a todo lo que pueden, inutilizando valiosas proteínas, así como membranas y otras estructuras celulares. Veremos los demás procesos en la próxima comunicación.

Lo peor de todo es probablemente que el deterioro no resulta evidente a simple vista. Aquello que en el comienzo es un daño microscópico, de apariencia inofensiva, se acumula hasta llegar a niveles críticos en los cuales un sistema en particular (o un conjunto de sistemas) colapsa. Se sabe que una modesta cantidad de deterioro inicial puede desencadenar múltiples reacciones destructivas o tóxicas, las cuales crecen exponencialmente hasta convertirse en un completo desastre. Es interesante notar que la destrucción progresa por acumulación. El envejecimiento es biológico, no cronológico.


De acuerdo con la lista anterior, no solo de enfermedades muere el hombre. También de estupidez, violencia, negligencia y mala suerte. El hecho de que suframos accidentes, o incluso, el resultar “atrapado” por enfermedades infecto-contagiosas tiene una significación particular en el contexto de este sistema. Existen ciertas técnicas para disminuir la probabilidad de accidentes domésticos, automovilísticos, laborales, etc., así como para eludir la violencia criminal, pero hay eventos en nuestra vida que tienen una significación de otro orden. Estos están relacionados con lo que comúnmente se llama suerte, fatalidad o destino. Digamos al menos que requieren un estudio especial, ya que evitarlos probablemente implique desarrollar un nivel superior de conciencia y voluntad. Semejante logro, empero, no viene sino con un entrenamiento especial bajo la conducción de un guía experimentado. Este es un tópico que, por ahora no forma parte de la ciencia occidental, pero todos coincidimos en que el primer requisito para tener una vida longeva es no morir distraídamente aplastados por un camión. Dicho de otra forma: trata de no formar parte de las estadísticas.


El término “envejecimiento” no da real medida de la naturaleza del deterioro multifactorial a que estamos sujetos todos los seres vivos. Sería más correcto decir envejecimientos, ya que son muchos procesos teniendo lugar simultáneamente, a menudo con diferentes intensidades.

Para terminar, aquí va una conocida declaración del maestro Georgi Ivanovitch Gurdjieff relativa a la situación del ser humano actual tanto en materia del cuidado del cuerpo como en términos de nuestra posible (aunque poco probable) realización espiritual.


“La primera razón de la esclavitud del hombre es su ignorancia, y sobre todo, su ignorancia de sí mismo. Sin el conocimiento de sí, sin la comprensión de la marcha y las funciones de su máquina, el hombre no puede ser libre, no puede gobernarse, y seguirá siendo siempre esclavo y juguete de las fuerzas que actúan sobre él”.

G. I. Gurdjieff



Ernesto Prieto Gratacós

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