Buscar
  • Ernesto Prieto Gratacós

DEL ESPEJO AL LABORATORIO

Todos conocemos alguna persona que envejeció de modo acelerado, y a algún otro que parece mucho más joven de lo que su documento de identidad sugiere. ¿Qué ocasiona esa diferencia en el ritmo? Individuos de especies diferentes envejecen, como es de esperar, a ritmos diferentes. Sorprendentemente, los individuos de una misma especie pueden también envejecer a paso más o menos lento en función de varios factores externos y de conducta. Cada enfermedad tiene su “biomarcador” o indicador característico que lo acompaña e incluso lo precede. Desde el cáncer hasta el catarro, toda infección, envenenamiento, avitaminosis o trastorno endocrino, tiene su (o sus) indicadores característicos. ¿Cuál es entonces el biomarcador del envejecimiento?


Transformando tu verdadera edad biológica


Por ahora, los estudios de longevidad máxima han sido posibles únicamente en especies de vida corta. La razón es que ver resultados concluyentes a lo largo de varias generaciones tomaría siglos en humanos, o incluso en otros mamíferos. Pero, si pudieran encontrarse marcadores bioquímicos de la edad biológica (en lugar de saber solo nuestra edad cronológica) sería entonces posible y realista monitorear el grado de éxito de una terapia de rejuvenecimiento en particular. Si el imaginario marcador sanguíneo “XYZ-09” (que aumentaría con la edad y el deterioro orgánico) disminuyera a los seis meses de estarnos aplicando ciertas inyecciones rejuvenecedoras, entonces podría afirmarse que dicha terapia está teniendo resultados objetivos. La inexistencia de dicho marcador o substancia única para medir la edad biológica evidencia que el envejecimiento es ciertamente una multitud de procesos degenerativos ocurriendo en paralelo. Por otra parte, a pesar del hecho de que múltiples mecanismos deben estar involucrados, la uniforme disminución del envejecimiento observada en los animales sujetos a CRON (Restricción Calórica con Nutrición Óptima) parece validar la existencia –en algún nivel– de un proceso unitario de envejecimiento.



La capacidad física e intelectual de un organismo es la medida de su edad biológica.


¿Qué caracteriza a un organismo joven? Lo primero que salta a la vista es que los jóvenes tienen musculatura definida y muy poca grasa. Técnicamente, poseen un excelente Índice de Masa Corporal (IMC), algo que los adultos maduros recordamos con alguna nostalgia. También tienen, aunque esto no puede apreciarse a simple vista, huesos compactos y abundante médula ósea activa (roja). La médula ósea roja se encarga de la hematopoyesis -producción de sangre nueva-, mientras que la médula que envejece se vuelve amarilla, llena de grasa inerte. Poseen también vasos sanguíneos limpios y flexibles. Se advierte en ellos optimismo, alegría, buena memoria de corto plazo, capacidad de adaptación a nuevos ambientes, signos todos de una óptima función nerviosa.


Llama la atención por supuesto que su piel es elástica, turgente y, como consecuencia de esto, sin arrugas. Los jóvenes, tienen además una especie de exuberancia sexual permanente y gran capacidad de trabajo, así como rápida recuperación. Su hemoglobina es alta, sus hormonas abundantes, y su capacidad vital (el mayor volumen de aire que puede ser expelido de los pulmones tras tomar la mas profunda inspiración) es imponente.


Todas estas capacidades pueden recuperarse con las medidas apropiadas. Resulta asombroso cuántas funciones y aptitudes que creíamos perdidas vuelven a aparecer tras algunos meses de correcto tratamiento. La mayoría de los achaques y disfunciones que se atribuyen a la inevitable vejez son en realidad signos de enfermedad y abandono (recuerda que el uso hace al órgano). Incluso la capacidad vital, quizá el marcador más veraz de la edad biológica y, por tanto, de la longevidad, puede recobrarse. De hecho, la característica juvenil que más tarda en recuperarse es la lozanía de la piel, debido a que el ciclo de recambio de sus capas celulares más profundas dura unos dos años. La pérdida de elasticidad de la piel se debe en gran parte -además de a un fallo en los mecanismos moleculares de humectación- al fenómeno de entrecruzamiento proteico (1), pero esto no es grave ya que, hasta donde sabemos, nadie se ha muerto por estar muy arrugado.


Comencemos entonces por realizar las pruebas necesarias para estimar cuál es nuestra verdadera edad biológica, estableciendo con los datos obtenidos una suerte de línea de partida. Para ello debemos medir algunas variables físicas y diversas variables bioquímicas. Entre las físicas están el pulso, la apnea, la temperatura, la relación grasa-músculo, el tiempo de retracción de la piel, la capacidad de trabajo y el tiempo de recuperación, y por supuesto, la reina de las mediciones biogerontológicas: la capacidad vital. Entre las bioquímicas, están las hormonas sexuales, la hormona del crecimiento, las hormonas tiroideas, la hemoglobina y la glucemia (azúcar en sangre).


1) Crosslinking. Nos hemos visto precisados a fabricar la expresión entrecruzamiento proteico en ausencia de un término en español para este fenómeno del crosslinking. La presencia de enlaces cruzados o puentes de unión entre proteínas es una necesidad biológica. Su exceso, no obstante, termina perturbando las funciones normales del tejido. Una excesiva cantidad de enlaces (entre las fibras elásticas de la piel en este caso) requiere de abundantes enzimas proteolíticas para ser corregido y es otra razón más para mantener baja la glucosa sanguínea (glucemia).



Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

7 vistas

©2016-2020 por Ernesto Prieto Gratacós.