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NO HAY NADIE COMO TÚ!

  • Foto del escritor: Ernesto Prieto GratacĂłs
    Ernesto Prieto GratacĂłs
  • 29 nov 2023
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 18 dic 2023

Una caracterĂ­stica crucial de los humanos es su individualidad biolĂłgica. Si bien somos parecidos en muchos aspectos fisiolĂłgicos y anatĂłmicos, es imposible asegurar una verdadera salud y longevidad sin satisfacer ciertas necesidades muy especĂ­ficas de cada uno, a nivel celular. La ciencia de la nutriciĂłn humana dio un salto cuĂĄntico con el descubrimiento de las vitaminas en el primer cuarto del siglo XX.


Por la misma época, la creciente disciplina de medir las sustancias internas del organismo por medio de anålisis de sangre -la química clínica- vino a completar el mapa de la fisiología humana. En ambas disciplinas, la nutrición y la química biológica, se emplearon desde el inicio herramientas estadísticas[1] como los promedios, el desvío eståndar, las curvas de distribución normal, etc., para encontrar regularidades y leyes generalizables. Este enfoque puede haber inducido en los científicos y luego en los médicos, la noción de estandarización.


Se afianzĂł entonces la idea de un ser humano promedio, y la nociĂłn misma de normalidad. A pesar de las obvias diferencias interindividuales que tenemos los humanos, a pesar de la clara heterogeneidad anatĂłmica y funcional de los miembros de nuestra especie, se extendiĂł entre los profesionales y el pĂșblico en general la nociĂłn del individuo normal o promedio, portador de una imaginaria fisiologĂ­a genĂ©rica.


Fig.1 Si bien los humanos poseemos rasgos biológicos generales comunes a toda nuestra especie, también tenemos cientos de diferencias muy específicas causadas por polimorfismos (SNPs), variantes defectuosas de uno o varios genes. Se han descrito decenas de miles de estas mutaciones sub-letales.


La normalidad se convirtiĂł en un concepto cardinal en todos los campos a los que contribuyeron la fisiologĂ­a celular y la quĂ­mica orgĂĄnica, en particular, en la determinaciĂłn de los requerimientos nutricionales mĂ­nimos y los rangos de referencia (los valores fisiolĂłgicos) en la bioquĂ­mica clĂ­nica. Estas herramientas de anĂĄlisis estadĂ­stico han sido de inmensa importancia para interpretar innumerables aspectos del organismo, como los marcadores tumorales o la concentraciĂłn plasmĂĄtica de las hormonas tiroideas, la glucemia, la gonadotrofina coriĂłnica en orina o bien en nivel de alcoholemia en la sangre, en base a las cuales se puede incluso exonerar o condenar jurĂ­dicamente a los ciudadanos. El concepto de distribuciĂłn normal es sumamente Ăștil en clĂ­nica, pero al considerar las generalidades de la especie se pierden la singularidades del individuo.


La noción de individualidad bioquímica fue defendida por Roger Williams[2] a partir de los años cincuenta, quien ya era reconocido por su descubrimiento de la vitamina B5 (åcido pantoténico) y de un antagonista de la riboflavina presente en la clara de huevo cruda: la avidina. Williams, un bioquímico extraordinario, fue también un contribuyente central en el descubrimiento del åcido fólico, la piridoxina, y el åcido lipóico, llegando a ser presidente de la American Chemical Society. Las dos fuentes primarias de diferenciación bioquímica interindividual son, en mi apreciación, los polimorfismos genéticos (SNPs) y la composición de la microbiota.


En otras palabras, lo que nos hace inicialmente Ășnicos y diferentes es una especial combinaciĂłn de nuestros genes y nuestros microbios. Otra fuente de variabilidad es nuestra historia de vida que, como se ha visto en el caso de los gemelos idĂ©nticos (univitelinos) puede producir resultados fenotĂ­picos marcadamente desiguales.


Fig.2 Nuestras diferencias interindividuales (cuyo fundamento son los polimorfismos y la microbiota) hacen que tengamos requerimientos nutricionales vastamente diferentes.


Que los seres humanos somos peculiares no es difĂ­cil de notar, simplemente basĂĄndonos en las diferencias anatĂłmicas, pero donde se vuelve Ăștil esta nociĂłn es en la resoluciĂłn de numerosos trastornos orgĂĄnicos que derivan de tener versiones ligeramente defectuosas de uno o varios genes. Una manera de apreciar los polimorfismos es considerarlos mutaciones sub-letales de un gen que, si bien pueden no matarnos de inmediato, hacen la vida considerablemente mas difĂ­cil. Un ejemplo patente de polimorfismo es el desperfecto del gen MTHFR, que codifica para enzima metiltetrahidrofolato reductasa. Las personas que son portadoras de esta mutaciĂłn (en particular si tienen las dos variantes defectuosas del gen) no pueden metabolizar la vitamina B9, por lo que siempre estĂĄn anĂ©micas, fatigadas y con varios otros problemas serios de salud.


Las diferencias en las concentraciones normales entre un individuo u otro pueden ser hasta de un orden de magnitud, y son el fundamento del enfoque genetotrópico de Pauling y Williams, que introduce suplementos vitamínicos en cantidades metanutricionales (es decir, hace un uso farmacológico de los micronutrientes) para reparar diversas patologías provenientes de fallas genéticas. No sin detractores en el åmbito de la medicina xenobiótica ortodoxa, la terapia megavitamínica permite resolver con muy bajo costo y amplio margen de seguridad, infinidad de padecimientos originados en errores innatos del metabolismo.


Las personas portadoras de uno o varios de estos polimorfismos deben tener ingestas vitamínicas individualizadas. Y esto sin mencionar las variaciones que causan condiciones comunes como la encefalopatía de Wernicke. Hoy en día, se presta mucha atención a los complementos nutricionales para personas tan problemåticas como los ancianos, los jóvenes y las mujeres embarazadas. En la medida en que avancemos hacia una medicina genuinamente biológica e individualizada, con monitoreo continuo terapéutico de los suplementos y fårmacos, podemos esperar ver una creciente individualización de las dosis. La nueva biología molecular y la nutrigenómica, estån inherentemente alineadas con esto principios generales.


Fig.3 Si bien se afirma que "no hay enfermedades, sino enfermos" la realidad cotidiana en la pråctica médica xenobiótica ortodoxa es que se termina tratando a todo el mundo con el mismo protocolo. Sin un discernimiento de las peculiaridades individuales, la medicina moderna trata a los pacientes como productos eståndar de una línea de ensamblaje.


Los estudios del genoma humano han revelado una gran cantidad de polimorfismos, en una frecuencia mucho mayor de lo que se esperaba (otro tanto pasa con las variaciones encontradas en las proteínas con función enzimática). Estos peculiares patrones de fragmentos del ADN de cada individuo, considerados las “huellas dactilares” del ADN, son altamente específicas para cada persona. El concepto de individualidad bioquímica es de crucial importancia para una medicina realmente personalizada.


[1] Los estudios experimentales en animales de laboratorio se llevaron a cabo con cepas endogåmicas de ratones, ratas, cerdos y otros animales. Una idea båsica en la mayoría de los estudios era tener el sistema -ya fuera célula, tejido o animal- lo mås uniforme posible para poder estudiar sus características introduciendo una variable cada vez. [2] El subsiguiente trabajo de Williams en los años sesenta fue decisivo, hombro con hombro junto a Linus Pauling, para el concepto de terapia megavitamínica.


Ernesto Prieto GratacĂłs

Laboratorio de IngenierĂ­a BiolĂłgica


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