115 / 75

Actualizado: 21 feb

Toda tensión arterial mayor a 115/75 debe considerarse una expresión patológica. Al igual que la potencia fosforilativa de las mitocondrias, la hipertensión arterial tiene una correlación directa y proporcional con la edad, y está involucrada centralmente en la patología cardíaca tanto como en la cerebrovascular. Se ha demostrado hace ya más de una década que presiones sanguíneas consideradas usualmente normales, están asociadas a un riesgo elevado de muerte por ataque cardíaco. Sobre casi nueve mil individuos (Am. J. Med., 2006), Kshirsagar y col. encontraron un 100% de incremento de riesgo en adultos con presiones arteriales entre 120/80 mmHg y 139/90 mmHg (5). Debe tenerse presente en primer lugar que la hipertensión es virtualmente epidémica en las naciones industrializadas. En un metanálisis de 61 estudios clínicos (Lancet, 2003), Lewington y col. reportaron que “durante la madurez y la vejez la tensión arterial está directa y fuertemente asociada a la mortalidad de origen vascular (y otras causas), sin que haya evidencia de umbral alguno hasta por lo menos 115/75 mmHg.” En este estudio sobre la mortalidad, que involucró a más de un millón de adultos, cada incremento de 20 mmHg en la presión sistólica estuvo asociado con un incremento de 200% en la mortalidad por infartos cardíacos o ACV.



Por otra parte, nuestros órganos necesitan una cierta presión arterial para poder funcionar. No es una casualidad que se haya asociado la hipertensión a una ostensible declinación (20%) de la función renal, en particular en adultos mayores. A medida que declina su dotación mitocondrial el incremento de la presión se vuelve necesario precisamente para para compensar el empobrecimiento del filtrado glomerular. Es aquí donde forzar farmacológicamente una hipotensión -si bien baja las probabilidades de infarto y ACV en el corto plazo- lesiona aún más los órganos depauperados, en particular en personas de edad avanzada. En su conjunto, las diversas intervenciones que componen nuestro programa de restauración vascular restablecen prontamente todo el equilibrio del sistema cardiovascular, que intenta compensar las deficiencias mitocondriales.


Fig.1 Dos décadas de observaciones clínicas y experimentales nos han llevado a formular la hipótesis de que el progresivo e inexplicado incremento en la presión sistólica es en realidad un mecanismo de defensa que permite al organismo compensar inicialmente la declinación de la respiración celular o merma de la fosforilación oxidativa celular con un incremento reflejo de la presión parcial de oxígeno en los órganos. !La solución es muy fácil!



Los reflejos compensatorios son abundantes en los animales superiores. Es conocido por ejemplo el masivo incremento de la cantidad de glóbulos rojos (hiperemia) en los individuos que viven en regiones a mucha altura sobre el nivel del mar. Nuestro laboratorio registró un promedio de hemoglobina de 18,3 g/dL en los varones maduros habitantes de El Alto (La Paz, Bolivia), ciudad ubicada a 4000 metros sobre el nivel del mar. Un ejemplo muy bien estudiado en la fisiología y patología del embarazo humano, la eclampsia, sirve como modelo mecanístico de esta clase de reflejos adaptativos.


La hipertensión del embarazo (eclampsia) es un vivo ejemplo de hipertensión compensatoria


Nuestra especie es única en el reino animal en lo que al tamaño y actividad de su cerebro se refiere. Si bien el tamaño definitivo de nuestro cerebro se adquiere fuera del útero en los meses y años siguientes al alumbramiento, la inicial fabricación o gestación del cerebro fetal es una hazaña biológica en sí misma. En relación con ello, existe una circunstancia patológica del embarazo humano que refleja muy bien el mecanismo de la hipertensión inducida por hipoxia. El gran desarrollo de las estructuras vasculares en el Homo sapiens es por supuesto una consecuencia de la evolución del cerebro de la especie. A medida que progresan los meses de gestación, las enormes demandas energéticas del cerebro fetal en crecimiento exigen un desarrollo vascular eficiente de la placenta. Por cierto, vale aclarar que la placenta humana se comporta durante el principio de la embriogénesis como una verdadera neoplasia (nuevo crecimiento) que invade el útero. Durante el embarazo, la placenta humana es capaz de nutrir al gigantesco cerebro fetal que en los humanos constituye el 2,4% de la masa corporal (y apenas un 0,07% en otros mamíferos). Para semejante proeza vascular, la placenta tiene que poder invadir efectivamente el miometrio o capa muscular del útero, y entrar en contacto con los vasos sanguíneos maternos, induciéndolos a proliferar. Sin este proceso proliferativo (neoangiogénesis), el feto comienza a experimentar hipoxia cerebral, lo cual será compensado en la madre por el fenómeno llamado pre-eclampsia.



Fig.3 La hipertensión del embarazo es un excelente ejemplo de hipertensión compensatoria del cuerpo de la madre ante un descenso de la concentración de oxígeno en el cerebro fetal.

Es interesante que los mecanismos invasivos de la placenta en crecimiento -degradación enzimática de la Matriz Extracelular- son los mismos que usa un tumor para invadir un tejido. La eclampsia, una de las situaciones patológicas más peligrosas para la vida de la madre gestante, ocurre exclusivamente en humanos debido a una demanda insatisfecha de sangre oxigenada y glucosa del enorme cerebro fetal. Los abortos espontáneos, por las razones descritas, constituyen el 41% de todas las gestaciones en humanos pero apenas el 4% en otras especies. El fenómeno de la pre-eclampsia, además de ilustrar la analogía entre la embriogénesis y la tumorigénesis, es un modelo mecanístico de la hipertensión moderada crónica "idiopática".

La hipertensión arterial es una de las patologías cardiovasculares más frecuentes, y está claramente asociada a la hipoxia de los tejidos, como lo evidencia su correlación con los desórdenes respiratorios y la apnea del sueño, importante factor contribuyente a la hipertensión esencial. Se ha determinado experimentalmente que la hipoxia intermitente crónica tan usual en las personas con trastornos respiratorios del sueño es un contribuyente directo de la hipertensión. Las bases fisiológicas y bioquímicas de dicha hipertensión inducida por hipoxia crónica están cada vez más claras (si bien esta información, así como la lógica subyacente de nuestro argumento, parecen tardar en difundirse entre los profesionales médicos). Se ha podido determinar que el incremento del reflejo quimiosensorial de los cuerpos carotídeos son un contribuyente directo de la hipertensión inducida por hipoxia, y que -de acuerdo con nuestra hipótesis original- la desregulación del Factor Inducible por Hipoxia (HIF-1) excita el reflejo quimiosensorial que es instrumental en la aparición de la hipertensión (8,9).

Tanto los trastornos de la ventilación pulmonar como el deterioro diabético de la microcirculación y/o la disminución de la capacidad mitocondrial de producir energía por medios aeróbicos (fosforilación oxidativa) fuerzan al organismo a compensar el déficit de su régimen oxidativo con un incremento de la perfusión tisular de oxígeno. Este incremento de la perfusión -análogo a la constricción de una manguera de jardín cuando se quiere impulsar más lejos el chorro de agua- no puede ser obtenido sino incrementando mecánicamente la presión del árbol vascular. Si bien los medicamentos antihipertensivos pueden disminuir momentáneamente el riesgo de infarto, medicar únicamente el síntoma deja sin resolver su causa primaria: el ahogo de los tejidos.



Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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