PRODUCTO BRUTO Y VIDAS HUMANAS

Una de las más serias críticas a la destructiva política de la cuarentena (y la consecuente parálisis económica) para intentar mitigar la velocidad de los contagios virales, es que la masiva destrucción de valor y pérdida de empleos resultante ha generado –y generará en los años venideros- mucha más mortalidad de la que se pretendía posponer. Aún si las cuarentenas fueran efectivas en descender la mortalidad generada por un agente infeccioso (ya es evidente que no), un análisis sistémico de todo el complejo panorama epidemiológico-demográfico-económico muestra de inmediato, como dijimos desde un principio, el catastrófico efecto de parar en seco los millones de transacciones diarias que sostienen la vida de las personas. Como ya es matemáticamente claro, las cuarentenas no han tenido impacto real en la mortalidad, y las estadísticas de los países que no paralizaron su sociedad son indiscernibles de las de aquellos que apostaron todo a las Intervenciones No Farmacéuticas (1). El impacto de las crisis económicas sobre la morbilidad y la mortalidad de las naciones ha sido estudiado en profundidad, y se conoce como Health Effect o Efecto Salud.


Para poner en perspectiva la inextricable conexión entre la riqueza generada por el trabajo y los factores materiales que posibilitan la salud, solo hace falta mirar la correlación entre el Producto Bruto Interno y la expectativa de vida de cada nación (curva de Preston). Las muertes por afecciones neonatales –por mencionar solo la 5ta causa de muerte- terminan abruptamente con la vida de 2 millones de niños cada año. Esta cifra es una importante mejora si se piensa que en el año 2000 la cifra de muertes infantiles superaba los 3.2 millones. La disminución de la mortalidad en las décadas mencionadas ha sido posible gracias a masivas inversiones económicas, es decir, al empleo directo de la riqueza generada por la economía que nos sostiene a todos. La disrupción global de las economías ya está generando un retorno a las cifras de mortalidad por toda causa de hace una década. Esto es, el erróneo intento de “aplanar la curva” (en vez de fortalecer el Sistema Inmune y acelerar la recuperación) está creando una regresión global a las condiciones de patología y mortalidad de hace diez años. Según el sitio web https://coronavirus.jhu.edu/map.html mantenido por la Universidad John Hopkins, desde el 1ro de Enero hasta el 31 de Diciembre de 2020 la mortalidad por COVID-19 fue de 1.8 millones de personas. Si bien parece alta e inusitada, esta cifra debe considerarse en el contexto de las fatalidades que ocurren cada año por infecciones respiratorias. Como marco de referencia, los fallecimientos por infecciones respiratorias del 2019 fueron 2.6 millones. Incontables vidas se perderán en los próximos semestres por falta de recursos, diagnósticos y tratamientos oportunos como resultado del inútil encierro.


La curva de Preston

Desde el inicio de la Revolución Industrial, la expectativa de vida de la especie humana ha aumentado dramáticamente, con gran parte de ese aumento debido a una disminución sustancial de la mortalidad infantil. En un elegante estudio ya clásico de 1975, "The Changing Relation between Mortality and Level of Economic Development" Samuel Preston demostró empíricamente la correlación entre la expectativa de vida y los ingresos, sentando las bases matemáticas para el análisis de los determinantes económicos de la salud de una nación. La curva de Preston, originariamente extrapolada de información actuarial y económica de las décadas de 1900, 1930 y 1960, mantiene su robustez hoy día, y es predictiva del impacto de las fluctuaciones económicas en la expectativa de vida (2).


Para todos los que pensamos en términos de sistemas complejos, tratar la intrincada madeja socioeconómica como si se tratara de un simple conjunto de ruedas dentadas, con un único botón interruptor, es descabellado. No hay soluciones simples a problemas complejos, y en lo que a la salud humana se refiere, hace ya mucho que se ha establecido científicamente la profunda correlación –directa y proporcional- entre la productividad de una nación y la expectativa de vida de sus habitantes. La reactividad, la falta de pensamiento científico, el miedo oficial a las críticas y posibles repercusiones políticas futuras, así como la ausencia de un equipo multidisciplinario de análisis, han sido predominantes en casi todos los países de Occidente, con excepción de Suecia, Japón y algunos otros. No considerar el profundo y delicado nexo entre los generadores productivos de un país y las continuas necesidades materiales de su sistema de salud[1], estableció una falsa dicotomía. Se sopesaron entonces, como si fueran entidades separadas, la salud y la economía.


Fácilmente demostrado sobre el modelo SIR de análisis epidémico, fortalecer el Sistema Inmune de la población y acelerar la tasa de recuperación de las personas infectadas aplasta poderosamente la curva de contagios. Esto es perfectamente posible con el uso de nutrientes inmunoesenciales, tales como la vitamina D, el ácido ascórbico, el zinc y el selenio. Por otra parte, siempre se supo que enlentecer el progreso de un patógeno en la población no baja la mortalidad, solamente la pospone, distribuyendo en el tiempo la presión de la demanda sobre la capacidad asistencial hospitalaria (3). Como ya hemos visto, el modelo SIR consiste en una ecuación diferencial que considera cada miembro de la población en una de tres situaciones posibles (Susceptible, Infeccioso o Removido), y provee las bases lógicas para una intervención farmacológica a nivel de la sociedad entera, sin destruir la dinámica económica de la creación de riqueza material que es el sustento de todas las personas y todos los sistemas de salud.


[1] Hurgando entre los discursos oficiales en torno a la pandemia, se encuentran frases idénticas de casi todos los gobiernos de países de habla hispana. "Una economía que cae se levanta, pero una vida no", parecía ser el mantra oficial.

Ernesto Prieto Gratacós Laboratorio de Ingeniería Biológica Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional


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