SEXO Y LONGEVIDAD

Actualizado: 17 jul

Todo alrededor nuestro desborda sexualidad. Las plantas, los insectos, las aves, los peces, todo! El impulso sexual, el imperativo biológico que domina la pulsión de vida en el Reino Animal, tiene por objeto la transmisión de genes. Desde el punto de vista evolutivo, el sexo es más importante que la vida misma. El deleite de los amantes, dicen las escrituras tántricas, acerca a los practicantes a la experiencia divina misma. Dos buenas noticias trae este blog. La primera, que la vida humana (la tuya) puede ser conservada hasta los 120 años; y la segunda, que la calidad de esta vida (lucidez mental, destreza física, vigor sexual) puede ser conservada por medio de la BioRegeneración hasta edades asombrosamente avanzadas. En este contexto, uno de los más importantes aspectos técnicos y filosóficos de la longevidad y el rejuvenecimiento es el sexo. Por extraño que parezca, los profundos conocimientos que tiene la cultura del Oriente a este respecto han sido completamente ignorados por los científicos occidentales. En la cultura occidental, la energía sexual se derrocha despreocupadamente como si fuera un recurso renovable, cuando en realidad es un recurso finito.


Nuestro cuerpo posee unas 100.000.000.000.000 de células somáticas (del griego soma: cuerpo), las cuales inevitablemente envejecen y mueren. Sin embargo, un pequeño número de nuestras células tiene un destino diferente. Denominados "gametos", los óvulos y los espermatozoides, difieren radicalmente de las células somáticas, en que continenen solo 23 cromosomas, la mitad que las células comunes. En los organismos que se reproducen sexualmente existe una especie de continuidad celular, que se ha dado en llamar línea germinal, que nos conecta con nuestras generaciones ancestrales. Cuando se unen las células germinales del macho y la hembra se produce un nuevo comienzo. En lo que a la edad respecta, toda vez que se crea un nuevo ser, las dos células germinales que lo conforman parecen comenzar de cero. ¿Acaso no envejecen estas células? Aparentemente, no. Las células germinales que tú posees en tus gónadas provienen de las de tus progenitores, que a su vez las heredaron de tus abuelos, y estos de tus bisabuelos, y así… hasta el primer ser humano.

Fig.1 Lingam. El sexo es a la vez el yugo que nos domina y la puerta de escape hacia la Realización. Ya sabemos, gracias a los biólogos evolutivos, de la enorme importancia de la reproducción sexual. Pero, ¿qué relación hay entre el sexo y la prolongación de la vida?


Esto significa que los alegres espermatozoides o los prolíficos óvulos que tú posees, tienen de hecho la asombrosa edad de 120.000 años, si consideramos esta la fecha de aparición del hombre moderno. Para que esto ocurra es imprescindible que la célula germinal esté provista de mecanismos que impidan su envejecimiento. Las células encargadas de transmitir la herencia y crear nuevos individuos de la especie, son, si se lo piensa, inmortales. Quizá sea esta la explicación de por qué resulta beneficioso ahorrar energía sexual -tal vez porque el secreto de la inmortalidad de las células germinales sea alguna clase de energía sutil que beneficia al resto del cuerpo si se la reabsorbe. Según la doctrina tántrica el sexo cumple tres grandes funciones:


1.Reproducción de la especie.

2.Conservación de los caracteres sexuales secundarios.

3.Desarrollo del potencial espiritual.

Fig.2 Esta es la única célula humana que se puede ver con el ojo desnudo. El maravilloso ovocito -como cada fase lunar- viaja lentamente al encuentro de los esforzados espermatozoides que, por decenas de millones, se precipitan a cumplir el imperativo biológico de inseminar a toda costa. Los machos y hembras de cada especie han desarrollado ingeniosas estrategias reproductivas para asegurar la transmisión de su dotación genética.


Uno de los recursos esenciales en todas las escuelas dedicadas al trabajo interior y el desarrollo del Ser, es el ahorro de energía sexual y su recanalización para posibilitar el crecimiento espiritual. Este uso no genital de la energía generatriz es el origen de la práctica del celibato que se impone a los monjes de todas las religiones. Lamentablemente, en la mayoría de las mismas se ha perdido el conocimiento original de a quién le es necesario permanecer célibe, por qué, y durante cuánto tiempo. Tampoco se sabe nada allí de cómo hacer para que estas preciosas substancias ahorradas sirvan a un propósito trascendente. La ignorancia de este esencial conocimiento conduce a la represión sexual, la depravación y la mala salud, así como a muchas ideas absurdas sobre lo impuro del sexo, lo pecaminoso de la sensualidad y otras criminales idioteces.


Por causas todavía poco conocidas, las substancias que gobiernan el impulso sexual y la capacidad reproductiva declinan con la edad. En las mujeres, un marcado decremento en la secreción de estrógenos afecta el organismo entero: el tejido de las paredes vaginales adelgaza y su mucosa se seca; disminuyen la masa muscular, la densidad ósea, la elasticidad y frescura de la piel; así como la turgencia de las mamas, los glúteos, etc. Todo esto afecta como es lógico desde la motivación hasta la lubricación, e incluso produce dispareunia (dolor durante el coito), precipitando casi siempre una pérdida de interés sexual. Para los hombres, la declinación hormonal no es tan aguda, pero los efectos de la edad se hacen igualmente presentes: las erecciones tienden a perder su rigidez y anchura, el cuerpo ya no es fuerte y flexible como solía ser, y cuesta en general mucho más reponerse de una sesión de sexo en la que hubo eyaculación.


Hay múltiples técnicas para recuperar el vigor sexual tanto en los hombres como en las mujeres. Estas incluyen desde el uso de nutrientes como la colina, la L-Arginina, plantas como el ginseng o la Angelica sinensis, hasta fármacos como la bromocriptina y el tadalafilo. También existen ejercicios yóguicos especiales que incrementan la producción de hormonas testiculares u ováricas y fortalecen los genitales. Ahora bien, lo que es bueno para la naturaleza en general, no necesariamente es bueno para un individuo en particular, como ya se ha explicado. Las substancias y energías que nos hacen sexualmente impetuosos son muy costosas para la economía corporal. Podemos entonces aumentar nuestra potencia sexual y disfrutar con nuestra pareja, no obstante, a menos que se tomen ciertos recaudos habrá que pagar un precio.

Fig.3 La existencia de “cuerpos superiores”, cuya materialidad o densidad es mucho mas fina que la del cuerpo físico, es central en las doctrinas yóguicas. La pintura representa los 7 chakras o “vórtices de energía” del cuerpo etérico, asociados a las diferentes glándulas endocrinas. Si bien no tenemos aun evidencia científica directa e instrumental de la existencia de los chakras (tampoco había evidencia de la existencia de los virus, la televisión o el ADN en el siglo XVIII), sus funciones o atributos parecen genuinos y de gran utilidad práctica. La energía sexual cumple tres grandes funciones: 1- reproducción de la especie, 2- creación y conservación de los caracteres sexuales secundarios y 3- potenciación del desarrollo espiritual. Para este último propósito es necesaria la instrucción de un maestro capacitado, disciplina y considerable perseverancia.



Los injertos de Voronoff


En gran medida, la juventud tiene que ver con la capacidad sexual. De hecho, consideramos “adulto joven” a una persona que ya pasó la pubertad y todavía no llegó a la menopausia o andropausia. En Occidente se ha tomado un rumbo equivocado al querer restaurar la potencia sexual simplemente con estimulantes de la libido y drogas que fuerzan la capacidad eréctil. Este error de concepto convierte unas herramientas útiles como el sildenafil, el ginseng (Raíz de la Vida), la bromocriptina, la L-Arginina, etc., en salvoconductos farmacológicos para un continuado abuso de la energía sexual. Semejante práctica terminará a largo plazo debilitando aún más el organismo, ¡lo cual era la causa inicial de la disfunción! Esto es particularmente cierto en el caso de los varones ya que, como se verá, una excesiva pérdida de semen causa estragos en la salud. La idea de incrementar la vitalidad, la juventud o la fortaleza por medio de la incorporación de materia o substancia (principio de absorción de la esencia o transubstanciación) no es nada nueva. Este es el principio subyacente detrás de cierta forma de canibalismo, de numerosas recetas chamánicas y, claro está, de los trasplantes de órganos.


Los primeros xenotrasplantes en humanos fueron hechos en Francia alrededor de 1920, por un professeur de origen ruso, Serge Voronoff (1866-1951). Siendo un mozalbete, el intrépido Serge abandonó la madre Rusia para estudiar en París y se naturalizó francés en 1895. El doctor Alexis Carrel le enseñó a su joven amigo -ya por entonces un ingenioso y hábil cirujano- la técnica de los trasplantes, y en 1896, Voronoff partió para Egipto, donde permaneció hasta 1910. Fue en ese particular viaje en donde vio que los eunucos imperiales en la corte del sultan otomano Abdul Hamid II, castrados tempranamente cuando todavía eran niños, exhibían ciertas deficiencias madurativas. Voronoff estaba convencido, de acuerdo con sus propias observaciones imparciales, de que los testículos tenían no solo una función genital, sino que también actuaban sobre el desarrollo esquelético, muscular, cerebral y psicológico del individuo. La Biología de las décadas de 1920 y 1930, estaba impregnada por los conceptos de la eugenesia, por el afán de mejorar la condición humana. Es en aquel ambiente propicio que Voronoff intenta rejuvenecer organismos humanos con el implante de glándulas de chimpancés y babuinos. Tenía la fuerte sospecha de que el envejecimiento era causadopor una disminución de las secreciones endocrinas, particularmente de las glándulas sexuales.

Fig.4 La Emperatriz es transportada por eunucos. Dinastia Qing, 1905.


Entre 1917 y 1926 Voronoff puso a prueba sus teorías, trasplantando cientos de animales, tanto machos como hembras, particularmente cabras, cerdos y hasta un toro. De acuerdo con sus observaciones, animales seniles trasplantados con fragmentos testiculares de animales jóvenes recobraron su vigor. Para principios de los años treinta había realizado unos 500 implantes, fundamentalmente a personas acaudaladas, pues el procedimiento era muy costoso. Para superar los efectos de la menopausia, Voronoff incluso injertó tejido ovárico de monas jóvenes en mujeres maduras. Finalmente, fue forzado a terminar sus experimentos debido a la presión de la comunidad científica y a la opinión pública. Se vio, a pesar de todo, que debía existir alguna substancia producida en los testículos y los ovarios (probablemente la llamarían testiculina o algo parecido) que era responsable del vigor sexual, el deseo, la capacidad reproductiva, así como del aspecto juvenil y el buen estado de los músculos, huesos, piel e incluso de las neuronas.


Interesantemente, a pesar de que los injertos de Voronoff terminaron siendo rechazados por la comunidad médica de la época, experimentos modernos han establecido que las células de Sertoli en los testículos constituyen un infranqueable obstáculo para las células del sistema inmune (la barrera hemato/testicular), convirtiendo estas glándulas en un sitio privilegiado para la implantación de tejido extraño. Es razonable pensar que, al menos en teoría, las delgadas láminas de tejido testicular de cerdo o de mono allí implantadas podrían haber sobrevivido y segregado las hormonas rejuvenecedoras. Se ha podido reducir los requerimientos de insulina en personas diabéticas con implantes pancreáticos (de cerdo) tapizados de células de Sertoli, para acorazarlas contra el ataque del sistema inmune. No fueron necesarios fármacos inmunosupresivos en este caso.[25]

Fig.5 El profesor Serge Voronoff implantando en un mono viejo los testículos de una animal más joven.


Hoy sabemos con certeza que las gónadas verdaderamente segregan substancias imprescindibles, genéricamente denominadas andrógenos es decir, “generadores de masculinidad”, y estrógenos o “generadores de femineidad”, en cada caso. La cantidad de estas hormonas en sangre decrece con la edad en hombres y mujeres. Llama la atención que, si bien cada ovario posee en verdad un número limitado de folículos u óvulos potenciales, teóricamente no habría ninguna razón por la cual el epitelio seminífero testicular no siga generando espermatozoides indefinidamente, pero el hecho es que no lo hace. Nuestra capacidad generatriz es finita.


El factor celular


Alexis Carrell, un creativo investigador cuya obra inspiró a muchos de los científicos claves de la biología molecular celular[1] (recordarás que fue Carrell quien instruyó a Voronoff en la técnica de los trasplantes) reportó sus observaciones acerca de la aparente eternidad de ciertas células cardíacas de embriones de pollo. Estas células, cultivadas in vitro, parecían poder dividirse indefinidamente. Sus conclusiones, no obstante, fueron apresuradas. Más tarde se comprobó que en realidad la capacidad de multiplicarse tiene un límite. Un cultivo de fibroblastos embrionarios (células de tejido conectivo) es capaz de dividirse en un medio de cultivo durante meses, pero estos indefectiblemente mueren poco después de la 50ava división celular.(X) Cada tipo celular es capaz de una cantidad predeterminada de divisiones. A esta barrera se la denominó límite de Hayflick. A principios de los años sesenta se hizo evidente que existe un mecanismo molecular dentro de la célula que controla las divisiones celulares, memorizando su número. Tal mecanismo estaría codificado, se suponía, en alguna parte de nuestro material genético, presumiblemente en forma de varios genes, a los cuales se bautizó como gerontogenes. La hipótesis ha perdido peso en los últimos años, siendo remplazada por la del acortamiento de los telomeros. Que la duración de la vida humana esté en parte determinada por una constelación de factores no nos sorprende. Ya sabemos que se trata de un proceso multifactorial, cuya compleja biología esta ligada además a las influencias ambientales. Un conocimiento total de la información genética y epi-genética involucrada sería, empero, tremendamente útil.


Uno de estos gerontogenes controla la fabricación de telomerasa, proteína que asegura la integridad de los telómeros. Por si nuestro amigo lector no lo leyó, los telómeros son estructuras del ADN situadas en ambos extremos de cada uno de nuestros 46 cromosomas, encargados de impedir que las unidades cromosómicas tengan cabos sueltos o se unan accidentalmente entre sí. Estos protectores terminales sufren una pérdida o acortamiento cada vez que la célula copia su ADN al dividirse. La erosión telomérica nos cuesta una veintena de fragmentos cada vez, más el proceso de replicación debe continuar porque es esencial para la regeneración de los tejidos. En las células de muchos organismos, la longitud de dichos casquetes terminales aumenta varias veces en las primeras fases del desarrollo embrionario. Las células somáticas humanas, en cambio, se replican sin el concurso de la telomerasa, con lo cual vamos consumiendo progresivamente los agregados teloméricos acumulados en las etapas iniciales de la embriogénesis. Si nuestras moléculas de ADN fueran una ristra de ajos, sería como recortar con unas tijeras varias cabezas de ajo de cada extremo de la ristra con cada división celular que necesariamente tiene lugar en la existencia de cualquier tejido vivo. Eventualmente, cuando la desaparición de los telómeros deja expuestos a los cromosomas a diversas clases de errores o copias inadecuadas, las células se apagan y mueren. El acortamiento progresivo de los extremos de los cromosomas y la consiguiente pérdida estructural resultante, se han asociado con la muerte celular. Ciertamente hay una relación inversa entre la edad y la longitud de los telómeros. Se ha sugerido incluso que la longevidad está determinada por la cantidad de telómeros conque comienza su vida un individuo.(x) Esto permitió enseguida imaginar la posibilidad de alguna clase de terapia "matusalénica", una especie de “jugo telomérico” que prolongaría la vida de nuestras células. ¡Lo estamos esperando!

Fig.6 Las escuelas médicas y filosóficas del Oriente conceden gran importancia al ahorro y recanalización de la energía sexual para la salud, la longevidad y el desarrollo de las facultades mentales. Se considera que Yin y Yang, los principios masculino y femenino, son la esencia de todo cuanto existe y, que la armonía entre ambos sostiene, por tanto, el Cosmos. La energía sexual es la fuerza creativa por excelencia. Ahorrarla y reinvertirla, por asi decir, en procesos mas elevados es altamente recomendable según esta Tradición.


Nota técnica: Los cromosomas de las células eucariontes –las humanas, por ejemplo– son lineales, a diferencia de las células procariontes (como las bacterias), que son circulares. Esta particularidad de nuestros cromosomas plantea la molesta necesidad de tener extremos especializados que impidan el acortamiento que sufren las hebras hijas de ADN tras cada división celular. Algo así como un casquete o funda protectora, como la que tiene los cordones de nuestros zapatos para que no se deshilachen. Sin algún mecanismo reparador específico, la hebra hija –resultante de la síntesis y pegado de las hebras retrasadas– se acortaría con cada división celular. La enzima que impide este sucesivo acortamiento de la hemicadena retrasada de ADN es una Transcriptasa Inversa Modificada, la telomerasa, capaz de alargar el patrón o plantilla de la cadena retrasada desde su extremo hidrofílico 3’. En los últimos años se viene investigando intensamente la posibilidad de proteger a los telómeros tras cada división celular con el propósito de prolongar la vida.(x)

[1] James Watson, Premio Nobel de Medicina-Fisiología por la delucidacion de la estructurta helicoidal del ADN, quedó cautivado con el libro de Carrell: Man, the Unknown, al igual que muchos de sus compañeros de aquella época. (DNA: The Secret of Life. 2004)


Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

4587 visualizaciones5 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo