SUPER-ALIMENTOS. (1) Verduras crucíferas

Actualizado: mar 28

Por casi veinticinco años hemos empleado extractos de brócoli, coliflor, kale, repollitos de Bruselas y nabos como optimizadores en el tratamiento del síndrome metabólico, los trastornos cardiovasculares y el envejecimiento, así como diversas patologías degenerativas (incluyendo las neoplasias). Más específicamente, a partir de 2008 validamos su uso en patologías oncológicas -en especial para el cáncer de mama triple negativo- divulgando estos hallazgos entre miles de médicos a lo largo de cuatro ediciones de nuestro Congreso Panamericano de Terapia Metabólica (1). Esta familia de verduras tiene ya el respaldo de al menos 1200 estudios científicos que han validado la influencia preventiva y terapéutica de los isotiocianatos (2). Siempre y cuando no se destruyan por la cocción excesiva, las verduras crucíferas contienen además cantidades generosas de valiosos nutrientes, incluyendo aminoácidos esenciales, diversos precursores carotenoides de vitamina A (retinol), vitamina K, folato, ácido ascórbico, potasio, fósforo, magnesio, zinc y manganeso. La serie de superalimentos dentro de este blog se referirá a aquellas comidas de las que se conoce con certeza que poseen compuestos bioactivos con efectos positivos en las principales patologias degenerativas (3) De interés para las personas veganas, dos de estas conocidas verduras -el brócoli y la coliflor- tienen un excelente balance de dichos aminoácidos esenciales (4).


Los dos principios activos contenidos en los vegetales de esta familia que más parecen impactar en la salud humana son el indol-3-carbinol y el sulforafane. Respecto de este último, se ha obtenido evidencia de que el sulforafane parece corregir alteraciones epigenéticas muy específicas en ciertos tumores. En dosis efectivas, el sulforafane revierte diversas aberraciones en la transcripción de ciertos genes implicados en la reprogramación del metabolismo energético de las células cancerosas. Para entender cómo puede ser esto posible debe saberse que los genes contenidos en la molécula de ADN de cada célula, están enrollados en estructuras en forma de ovillo: las histonas. El grado de enrollamiento de dichos ovillos, determina el grado de acceso que tendrá a cada gen la maquinaria transcripcional de la célula. Esta es la base de la epigenética, o influencia de factores orgánicos y ambientales en la expresión o silenciamiento de nuestros genes. A los profesionales de la salud les fascinará saber que los mecanismos por los cuales el sulforafane modula la transcripción de las unidades de la herencia (cada uno de nuestros genes) incluyen seguramente la inhibición de la enzima histona desacetilasa, la desmetilación de las histonas y modulación de microARN. Se ha visto por ejemplo que el extracto de crucíferas activa la ruta metabólica NRF2, que afecta la expresión de más de 200 genes con injerencia en procesos antiinflamatorios, antioxidantes y antitóxicos.


La idea de promover la salud mediante una dieta rica en verduras crucíferas, proviene de su asociación con una menor incidencia en una amplia gama de cánceres -mama, pulmón, próstata, colon y recto- así como un menor riesgo de enfermedad cardiovascular (5-7). Su adición a la dieta en tres a cinco porciones semanales alcanza para disminuir el riesgo de contraer cáncer en un 30% - 40% (8). Basándonos en revisiones sistemáticas de la literatura científica, la correlación entre la ingesta de verduras de la familia Brassicaceae o Cruciferae -ambos nombres genéricos son correctos- es posible afirmar que el consumo regular de al menos una porción por semana aminora también significativamente el riesgo de cáncer de la cavidad oral, faringe, esófago y riñón. Además, las verduras Brassica se han asociado con la inducción de mecanismos de protección contra la inflamación de las vías respiratorias superiores resultante de la polución ambiental, así como con una reducción de los marcadores de estrés oxidativo e hipertensión en los tejidos cardíacos y renales, implicados en la primera y la sexta causa de muerte, respectivamente (9-11). Estudios previos realizados en ensayos a gran escala en China también han demostrado que el sulforafane ayuda a revertir los efectos de los carcinógenos en el medio ambiente, mientras que otros estudios anteriores relacionan el compuesto con la prevención del cáncer de mama.


Obteniendo sulforafane en la dieta.


A este punto, dada su enorme extensión y complejidad, estamos más interesados en su inmediata incorporación a la dieta que en una elucidación profunda de los mecanismos biológicos responsables de sus beneficios. ¡Yum! Un truco de optimización en este sentido es tomar brotes de semillas de brócoli y/o mostaza, cuya concentración de isotiocianatos es casi 100 veces mayor a la de las verduras ya crecidas.


Fig.2 Los brotes de brócoli contienen casi 100X más sulforafane que el brócoli ya crecido. Debe recordarse que el sulforafane se genera a partir de los glucosinolatos por medio de la enzima mirosinasa. El consumo de verduras crucíferas reduce significativamente el riesgo de cáncer, incluidas las neoplasias malignas de mama, pulmón, próstata, páncreas y colon. Este tipo de abordaje se conoce como quimioprevención, e implica el uso de una sustancia química natural -o sintética no tóxica- que posea la capacidad de intervenir en la carcinogénesis en cualquiera de sus múltiples etapas. La quimioprevención es un prometedor enfoque para reducir el desarrollo y progresión de las neoplasias malignas. El sulforafane afecta la expresión de genes implicados en el metabolismo de las sustancias xenobióticas (fármacos sintéticos ajenos a nuestro organismo), la reducción (o antioxidación), la regulación del ciclo celular, las vías apoptóticas o de muerte celular programada, y la respuesta celular al estrés.


Dado que en el brócoli, kale, repollo, etc., se ha demostrado una significativa acumulación de glucorafanin -el precursor del sulforafane-, estas verduras serían las fuentes más prácticas. El sulforafane incorporado como brócoli -crudo o levemente salteado- se absorbe, metaboliza y excreta rápidamente, apareciendo el 80% en la orina dentro de las 24 horas siguientes a su consumo (12). El truco aquí es optimizar la absorción y biodisponibilidad, y está claro que sobrecocinar/congelar las verduras destruye o inactiva estos preciosos componentes. Hay muchos factores que pueden afectar la biodisponibilidad y, por lo tanto, el beneficio terapéutico, del sulforafane proveniente de la dieta, incluidas sus propiedades farmacocinéticas, la variabilidad genética de cada persona y el modo de preparación de los alimentos (13). Es interesante reparar en el hecho de que la conversión de glucorafanin en sulforafane se produce masivamente como resultado del trauma físico a la planta (aplastamiento, cortes, calor moderado). Esto implica que el sulforafane es en realidad una sustancia defensiva que dichas plantas han empleado para sobrevivir a sus predadores herbívoros durante millones de años. La conversión de glucorafanin en sulforafane estimulada por del daño físico a la planta está mediada por la enzima mirosinasa, presente en las células de estos vegetales y producida también por la microbiota en colon de los humanos (14). Es importante considerar que hervir estas verduras por más de 1 minuto o someterlas al vapor por más de 4 minutos inactiva la enzima mirosinasa (15).


La concentración de sulforafane necesaria para inducir actividad terapéutica aún no se ha determinado con precisión para la especie humana (los estudios experimentales se han realizado mayormente en roedores), pero podemos hacer una estimación aproximada basándonos en la dosis activa de multitud de modelos animales (108). La cantidad de glucorafanin en la dieta que se convierte en sulforafane biodisponible se calcula típicamente como el 20% de la cantidad total consumida por personas con dietas variadas (no fundamentalistas veganos) (16). Por ejemplo, la concentración de sulforafane que ha demostrado poder inhibitorio sobre xenoinjertos de cáncer humano en ratones, es de ~ 4,4 mg por kilo de peso por día (17). Esto corresponde a unos 300 mg de sulforafane ingeridos diariamente por una persona de 70 kg de peso corporal.


La utilidad preventiva y terapéutica de las verduras crucíferas y el rol de los isotiocianatos, incluido sulforafane e indol-3-carbinol, en la prevención del cáncer y otras patologías degenerativas, se ha estudiado in extenso y se ha demostrado de manera consistente en una amplia variedad de modelos y sistemas. La biodisponibilidad y, por lo tanto, la farmacocinética del sulforafane en la dieta dependen de una variedad de otros factores, como el contenido de mirosinasa en las verduras tanto como en el intestino mismo del que las consume, así como su modo de preparación y la individualidad bioquímica (determinada por polimorfismos genéticos) de cada persona. Aunque está disponible comercialmente como suplemento, el sulforafane aún no ha sido aprobado formalmente por la FDA para el tratamiento de enfermedades humanas, y es poco probable que lo sea, por razones de índole económica. Aun así, las propiedades quimiopreventivas del sulforafane y posiblemente otros isotiocianatos, sumada a su capacidad de ser selectivamente tóxico para las células neoplásicas y varios gérmenes patógenos, son sumamente prometedoras. En nuestra opinión, la enorme cantidad de literatura científica existente provee la justificación para incorporarlo como fármaco oncostático, tanto solo como en combinación con otras estrategias terapéuticas.


Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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REFERENCIAS.

1

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3 Bioactive compounds in foods: their role in the prevention of cardiovascular disease and cancer Penny M Kris-Etherton, Kari D Hecker, Andrea Bonanome, Stacie M Coval, Amy E Binkoski, Kirsten F Hilpert, Amy E Griel, Terry D Etherton. Am J Med. 2002

4 The Essential Amino Acid Content of Several Vegetables. A. R. Kemmerer, R. Acosta The Journal of Nutrition

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