DEPORTE INTENSO Y MUERTE SÚBITA.

Como ya debes saber, el ejercicio bien prescrito y ejecutado es en sí mismo una intervención biogerontológica e incluso una forma de medicina. Es crucial tener presente, sin embargo, que hacer más no es necesariamente mejor (en casi ningún orden de cosas). El sobreentrenamiento, o incluso el ejercicio excesivo, ciertamente desgastan. En tiempos recientes, se vienen registrando en modo creciente centenares de casos de Falla Cardíaca Súbita (FCS) en atletas profesionales de múltiples modalidades deportivas, lo que hace aún más clara la necesidad de una comprensión profunda de la enfermedad cardiovascular y la Dosis Mínima Efectiva de esta maravillosa medicina que es el ejercicio físico.


Una notable cantidad de estudios fisiológicos han logrado revelar el beneficio del ejercicio, demostrándose incluso que aún una pequeña cantidad de entrenamiento proporciona una reducción significativa en la mortalidad, en comparación con un estilo de vida sedentario. Diferentes niveles de ejercicio pueden producir cambios estructurales en el corazón y está bien descrito que el entrenamiento de alta intensidad puede conducir a un aumento crónico del gasto cardíaco y al agrandamiento de las cámaras cardíacas de "empuje" (hipertrofia ). Los efectos tróficos del entrenamiento físico intenso en el corazón se reconocieron por primera vez en 1899 cuando Henschen y Darling describieron el frecuente agrandamiento cardíaco en atletas. Desde entonces se han realizado muchos esfuerzos para comprender la fisiopatología de esta remodelación cardíaca como resultado del ejercicio intenso sistemático y su posible conexión con estados patológicos.


Fig.1 Ejercicios como correr y nadar se asociaron estadísticamente a la salud en general, y tambien a la salud cardíaca. Los estudios de los años sesenta y setenta parecían indicar una correlación inversamente proporcional entre la práctica de actividades físicas y la tasa de infartos.


Si bien existe alguna controversia sobre la conexión entre el ejercicio de resistencia intenso y la incidencia de arritmias cardíacas (como la fibrilación auricular), considerando los pros y los contras no cabe duda de que el ejercicio es claramente beneficioso, favoreciendo la salud de una gran mayoría de las personas. Se considera, con criterio, que el ejercicio físico es una de las herramientas más poderosas para mejorar la salud en general. Esto es evidente al factorizar que el entrenamiento mejora muchos factores de riesgo cardiovascular, incluidos la obesidad, la hipertensión y la resistencia insulínica. Sin embargo, para una pequeña cantidad de personas que padecen afecciones cardíacas, el ejercicio a veces puede estar asociado con el riesgo de muerte súbita. La falla cardíaca súbita (FCS) es la causa más frecuente de muerte en los deportistas activos, aunque las estimaciones varían mucho según la población. Tan solo en los Estado Unidos, todos los años fallecen unos 100 atletas universitarios en el campo deportivo. Se desconoce la incidencia precisa de la ECF entre los atletas de secundaria, pero las estimaciones oscilan en torno a 1 en 23.000.


Fig.2 En comparación con un corazón promedio (normal), muchos atletas desarrollan hipertrofia del músculo cardíaco. Si bien es esperable que quienes entrenan fuerte con regularidad tengan músculos más grandes y densos, incluyendo el del corazón -después de todo, el uso hace al órgano- esta desmesurada hipertrofia puede detonar un desperfecto funcional.


Se ha propuesto que una clave para prevenir y evaluar a esta población radica en el diagnóstico temprano de las personas que pueden tener afecciones cardíacas subyacentes, lo que las pone en riesgo de arritmias cardíacas y ECF. Lo que falla en este abordaje la comprensión de que las deficiencias sistémicas (mitocondriales, vasculares) inexorablemente fuerzan la hipertrofia del músculo cardíaco. Es decir, teniendo una baja eficiencia de la respiración celular por malnutrición a nivel de los tejidos musculares, el resto del organismo -específicamente el sistema cardiovascular- se ve obligado a compensar su deficiencia funcional con más tamaño y poder. En otras palabras, sin la provisión suficiente de micronutrientes, sin las moléculas correctas, es imposible garantizar una función apropiada de los órganos, incluyendo al corazón. A nuestro parecer, muchos trastornos bioeléctricos del corazón se ven exacerbados por (o directamente son consecuencia de) el deterioro conectivo de base nutricional que hemos descrito. Un poderoso factor de prevención y recuperación de este problema está disponible en el Protocolo de Restauración Vascular que hemos descrito en nuestro libro Amo mi Corazón (I LOVE My HEART).


Ernesto Prieto Gratacós Laboratorio de Ingeniería Biológica Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

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