LA PESADILLA DE MALTHUS

Actualizado: 29 de dic de 2020

Todos los seres vivos habitan en un espacio concreto y consumen una determinada cantidad de recursos. El número de individuos que cada ecosistema puede sostener es por lo tanto finito y se denomina en Biología capacidad de carga. Determinada materialmente por la existencia concreta de recursos tales como espacio vital, alimentos y energía, la capacidad de carga es una constante ecológica (no una variable), designada con la letra K. La población humana ha venido creciendo de manera supra-exponencial (es decir, a una tasa creciente) desde la invención de la agricultura. Dicho crecimiento se ha acelerado marcadamente a partir de la Revolución Industrial, duplicando su número a intervalos cada vez más cortos (1). Este incremento se debe al progreso tecnológico, en particular en el área de la salud, el cual genera más ingresos que egresos o, demográficamente hablando, más nacimientos que muertes. El número de humanos vivos alcanzará los 8.000 millones en dos años o menos (en 2023), y es brutalmente obvio que no podrá seguir creciendo ad infinitum. Como dijimos, dado que los recursos que sustentan la vida en la Tierra son finitos, existe un límite máximo para el tamaño de la población humana en nuestro planeta.


En 1762, el brillante demógrafo y economista político Thomas Malthus describió la inquietante observación de que el crecimiento de la riqueza de una nación, o sea el aumento del producto bruto interno, tenía como consecuencia inmediata un incremento en la población (2). En efecto, en todos los países que emergían del feudalismo gracias a la pujante fuerza de la revolución industrial, la abundancia de recursos -especialmente de alimentos y condiciones de salubridad- producía un efecto multiplicador en la población. Por desgracia, la afluencia económica propiciaba de inmediato un incremento en la demanda de esos mismos recursos, lo cual sumía así nuevamente en la escasez, la estrechez económica y la hambruna a dicha región. La observación de que el crecimiento de la población es geométrico, en tanto que el crecimiento de los recursos es aritmético, llevo a Malthus a postular el muy debatido “principio de la población”. Su ominosa visión parece ahora cobrar especial relevancia, a juzgar por los datos actuales sobre el nivel de impacto que la especie humana está teniendo sobre los recursos planetarios.



Fig.1 Curva del incremento supra-exponencial de la especie Homo sapiens sapiens en la Tierra. En directa correlación con las dinámicas demográficas de la población humana, la capacidad de carga (K) es el número máximo de individuos de una especie que un medio ambiente puede soportar indefinidamente. Nótese el brusco ascenso de la curva demográfica, típico de los insustentables crecimientos supra-exponenciales, aquellos en los que la tasa o exponente también crece en el tiempo.


Antropoceno, la era del Hombre.


A excepción de las cianobacterias, que generaron el oxígeno atmosférico miles de millones de años atrás, transformando la Tierra, ninguna especie ha alterado el entorno planetario tan extensamente como el Homo sapiens sapiens. Está claro que, a lo largo de diversas eras geológicas, la biosfera y el paisaje planetario han sufrido intensas modificaciones (extinciones masivas, recalentamientos globales, extensas glaciaciones, cataclismos, etc.) numerosas veces, pero la explosión demográfica humana es tan violenta que necesariamente genera una sobreexplotación de los recursos planetarios comunes. Tan profunda es nuestra huella ecológica, que ha dado lugar a una era bien definida: el antropoceno, la era del Hombre. La creciente expansión de nuestra especie, asociada a una incesante y voraz demanda de recursos energéticos, se esta aproximando al punto de inflexión de la capacidad de carga del ecosistema planetario. ¿Cuántos seres humanos puede en definitiva sostener el planeta Tierra? Si mis estimaciones son correctas (sinceramente espero que no) la población planetaria alcanzará los 16.000 millones en 2090 (+-3 años), lo cual considero el límite superior de la capacidad de carga de la biosfera debido al inmensa presión ecológica del consumo de energía eléctrica, alimentos, tierras arables, etc. En tan apretadas circunstancias (pun intended) cualquier disrupción accidental del equilibrio ecológico, como un breve retraso de las estación de las lluvias, que suscitaría un megaincendio forestal en la Amazonia, o de la logística urbana por un pánico bursátil, desencadenaría catástrofes ecológicas/poblacionales de inmensas proporciones.


Por otra parte, hay líneas de razonamiento que sugieren que la tasa de natalidad ya viene descendiendo en correlación directa con el poder adquisitivo y el nivel educativo de las naciones, al tiempo que la capacidad humana de innovar anularía el peligro previsto por Malthus ya que continuaría extendiendo indefinidamente la constante K correspondiente a nuestra especie, marchando siempre un paso adelante de la expansión demográfica (3). Para todas las especies, sean animales o vegetales, uni- o multi-celulares, la biosfera tiene una capacidad de carga, pero los humanos no nos reproducimos, consumimos recursos, ni interactuamos con la biosfera de manera uniforme. Es muy difícil para los ecologistas calcular la capacidad de carga planetaria correspondiente al Homo sapiens, ya que somos una especie socialmente compleja. Estimar la constante K definitiva de nuestra especie implica hacer predicciones sobre las tendencias futuras de la tasa de natalidad, la disponibilidad de materias primas, el progreso tecnológico y la resiliencia de los ecosistemas que nos sostienen. En el siguiente blog, NEOPLASIA PLANETARIA, exploramos las evidentes analogías entre el crecimiento humano y el crecimiento tumoral, cuyo análisis ofrece importantes lecciones para el diseño de una existencia humana sustentable.


Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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