¿PADECES MALNUTRICIÓN OCULTA?

Actualizado: 9 jun

Dos terceras partes de la población urbana moderna tiene carencias severas de una o más de las ~40 vitaminas y oligoelementos (minerales) esenciales, necesarios como cofactores de las proteínas aceleradoras que sostienen la vida. En efecto, estas enzimas o aceleradores biológicos de los que depende el correcto funcionamiento de nuestro organismo y, en última instancia, la vida, requieren la presencia de micronutrientes esenciales. Una dieta rica en los alimentos verdaderos de la especie humana debería proporcionar suficientes micronutrientes. En cambio, la espantosa dieta hipercalórica y refinada de la post-modernidad proporciona “combustible” en la forma de azúcares y aceites, pero no suficientes vitaminas ni oligoelementos.


Hace ya unas décadas que se sabe que los animales superiores reaccionan a la escasez crónica de micronutrientes con una alocación selectiva de recursos en los órganos críticos para la supervivencia y la reproducción… a expensas del resto de los tejidos y funciones. Dicho de modo directo, la malnutrición crónica alcanza a duras penas para sobrevivir, pero impide la salud y la longevidad[1]. La estrategia de alocacion selectiva de recursos escasos es un increíble ejemplo de adaptación y selección natural, pero esta expresión de inteligencia orgánica -si bien nos salva de morir a corto plazo- deja inhabilitadas las proteínas aceleradoras (enzimas) que nos defienden contra el proceso de senescencia. Así, la malnutrición crónica acelera el envejecimiento. El problema con la malnutrición moderna es que suele venir enmascarada de obesidad, lo cual es una novedad para la especie humana.


En el mundo animal, incluyéndonos a nuestra especie, la desnutrición siempre vino acompañada por la carencia de comida en general. Es solo recientemente que una especie -la nuestra- suele estar simultáneamente obesa y malnutrida. Como la malnutrición o falta crónica de micronutrientes esenciales hace un daño de bajo grado… permanece clínicamente silenciosa por muchos años. Varias vitaminas esenciales evidencian estos mecanismos compensatorios en el organismo.


Pero el hambre de micronutrientes no es nueva para la especie humana. En consecuencia, las carencias de selenio, vitamina C, vitamina K y vitamina D, por citar apenas cuatro ejemplos, han sido compensadas por el organismo de Homo sapiens usando dicha estrategia de alocación selectiva de recursos escasos (triage micronutricional) por diferentes mecanismos. Varios estudios genéticos y epidemiológicos sugieren que esta compensación metabólica acelera las enfermedades asociadas al envejecimiento, como el cáncer, las Enfermedad Cardiovascular, la inmunosenescencia y la atrofia cognitiva. Aun siguiendo los modestos parámetros nutricionales ortodoxos (las DDR) en Estados Unidos, por ejemplo, los porcentajes de la población con burdas carencias micronutricionales son como sigue:


Carencia de vitamina C: 85%

Carencia de vitamina D: 90%,

Carencia de vitamina E: 60%

Carencia de magnesio: 45%

Carencia de vitamina K: 35%

Carencia de vitamina A: 34%

Carencia de vitamina B6: 25%

Carencia de vitamina B6 25%

Carencia de ácido fólico: 40%


Alocación asimétrica de nutrientes escasos como causa de patologías crónicas

En situaciones de penuria nutricional, el organismo evita la muerte por carencia de micronutrientes esenciales concentrándolos en el órgano más necesitado. Si se produce, por ejemplo, escasez de bioflavonoides en la dieta, el organismo distribuirá los escasos microgramos de carotenoides que logre rescatar del quimo intestinal y procederá a una alocación asimétrica de estos, en los tejidos más sensibles a su falta (i.e. la retina). Este fenómeno fue bautizado triage nutricional, y constituye un fenomenal recurso adaptativo de los organismos para sobrevivir a las hambrunas y periodos de nutrición insuficiente. La maravillosa capacidad del organismo-como-un-todo para sensar su propio estatus nutricional e implementar una alocación asimétrica, órgano-específica (sectorizada) y contra gradiente de concentración de ciertos micronutrientes ha sido de crucial importancia para la supervivencia y/o la reproducción a lo largo de la evolución del genus Homo. El asunto es que las deficiencias nutricionales, en sinergia con desventajosos, crean carencias focalizadas, padecimientos crónicos para los cuales ni siquiera el nivel plasmático normal de los nutrilitos -el rango de referencia- es un indicador fiable. La suplementación nutrifarmacológica tiene pues que superar ampliamente las DDR.


Hace mucho nos hemos familiarizado con la noción de que existe una cantidad conocida diaria de cada nutriente que debemos por fuerza ingerir, por debajo de la cual sobrevendrían enfermedades carenciales graves y, más temprano que tarde, la muerte. Entre 1933 y 1942, siguiendo un impulso dado por la Liga de las Naciones, se construyeron las primeras tablas de recomendaciones nutricionales, considerando estas cantidades mínimas imprescindibles. La nutricionista Hazel K. Stiebeling, del Departamento de Agricultura de E.U. determinó las archifamosas Dosis Diarias Recomendadas (Ing. Recommended Dietary Allowances). La Asociación Médica Británica y el Consejo Canadiense de Nutrición hicieron otro tanto, iniciándose así una filosofía de suficiencia en la nutrición humana que perdura hasta nuestros días. Es útil entender el contexto en que se establecieron las DDR. Hazel Stiebeling propuso el primer conjunto de estándares dietéticos que tuvo en cuenta los requerimientos mínimos de varias vitaminas recientemente descubiertas (tiamina, riboflavina, ácido ascórbico y retinol), así como calcio, hierro y fósforo. Estos parámetros se desarrollaron en un ambiente de terrible escasez, en medio de las hambrunas de la Gran Depresión y como parte de un programa de alivio para los prisioneros norteamericanos e ingleses que, una vez ganada la guerra, se liberarían de los campos de concentración alemanes.


El concepto de “optimización de las funciones por saturación del medio interno”, mucho más racional y congruente con los datos experimentales, no tiene nada que ver con las CMI o cantidades mínimas imprescindibles. Quien se provea de estas diminutas concentraciones de supervivencia de dichos micronutrientes posiblemente no morirá de ninguna de las enfermedades carenciales clásicas, o tardará varias décadas en hacerlo, aunque con un miserable estado de salud. Se sabe que ciertos estados subclínicos de mala salud pueden durar años, terminando por empeorar bruscamente pocos días antes de la muerte del sujeto.

Por razones evolutivas y de equilibrio en la Biosfera, los organismos vivos parecen haberse adaptado a sobrevivir en condiciones muy inferiores a las óptimas, lo cual significa que, aunque es imposible vivir mucho tiempo sin las CMI de uno o varios nutrientes, una cantidad ligeramente superior nos permite, mal que bien, sobrevivir. Pero, lejos de ser universalmente útil, esta dosis diaria recomendada (DDR) para los individuos de toda la Humanidad, cualquiera que sea su edad, actividad, estado de salud, ubicación geográfica, raza, etc., es patéticamente inadecuada. La incongruencia de esta recomendación fija y única equivaldría al hecho de que existiera un único talle de ropa, S, en todas las tiendas de todos los países del planeta: una quinta parte de la población estaría razonablemente vestida, otra quinta parte muy incómoda, y las tres quintas partes restantes... !desnudas!

Asegúrate de eliminar comida refinada/chatarra, comer alimentos reales y suplementarte con un multivitamínico de espectro completo y alta potencia. Mira nuestra videoconferencia: EL HOMBRE ES LO QUE COME.

[1] La longevidad máxima individual no es lo mismo que la expectativa de vida al nacer (promedio) que ha venido mejorando dramáticamente en los dos últimos siglos gracias a la higiene, los antibióticos, y en general una masiva disminución de la mortalidad infanto-juvenil.




Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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