RESERVA COGNITIVA

Actualizado: ene 6

A las personas previsoras, que procuraron ahorrar e invertir a lo largo de los años, las crisis económicas e infortunios les son mucho menos devastadores porque cuentan con una reserva monetaria. Algo análogo pasa con la función cerebral. Si bien la estructura encefálica con que nacemos está determinada genéticamente, y su expresión definitiva depende de la nutrición y los estímulos educativos de la primera infancia, las posteriores actividades del individuo son de inmensa importancia. Tanto como ¼ de las personas con lesiones degenerativas típicas del Alzheimer no muestra signos conductuales de demencia gracias a su gran reserva cognitiva, previamente acumulada. La reserva cognitiva puede construirse con una vida de curiosidad y aprendizaje constante, y permite amortiguar el impacto del deterioro orgánico del cerebro. Largos años de sostenida y variada actividad mental han creado para ellos ese “crédito” o acúmulo de recursos mentales, el equivalente neurológico de una reserva monetaria para tiempos de crisis. Un elemento clave en este sentido es la neuroplasticidad.


Neuroplasticidad es la capacidad del tejido nervioso para reemplazar las funciones perdidas de un área específica que se ha lesionado o destruido, transfiriendo las tareas de dicha área a un grupo neuronal vecino. Otro modo de definirla sería considerarla como la habilidad del Sistema Nervioso Central para improvisar y encontrar rutas alternativas para completar determinada tarea inaccesible desde la actual configuración. Cuando encuentra obstáculos o sufre daños, el cerebro puede transformarse. Gracias a la neuroplasticidad, el cerebro explora y diseña nuevos modos operativos para roderar un obstáculo patológico que haya surgido e incorpora recursos adicionales para restaurar funciones perdidas.

Fig.1 Retardo en el inicio de la demencia y la declinación cognitiva en correlación con el nivel de Reserva Cognitiva (RC).


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Dotación neural y reserva cognitiva.


Las diferencias interindividuales entre los cerebros de las personas permiten que algunas afronten mejor que otras las lesiones cerebrales. Dichas ventajas son cuantitativas: a mayor número de neuronas y neuroglias (masa encéfalica), mayor densidad dendritica (ramificaciones sensibles de cada neurona) y mayor cantidad de sinapsis o conexiones neuronales (conectoma). Los esfuerzos intelectuales y fisicos, junto a los intercambios afectivos y experiencias de la vida, influyen en la estructura cerebral gracias a la incorporación de nuevas celulas nerviosas (neurogénesis), el crecimiento de nuevos capilares sanguíneos que mejoran la irrigación cerebral (angiogénesis), mayor resistencia a la muerte neuronal o apoptosis y la absorción de compuestos que promueven la adaptabilidad y rediseño de nuestros circuitos cerebrales (neuroplasticidad).


Existe entonces una distinción entre reserva cognitiva y dotación neural. La reserva cognitiva, proveniente de estímulos, prácticas e impresiones, implica variabilidad funcional a nivel de los circuitos cerebrales sumada a la expresión de neurotransmisores y sus receptores específicos, mientras que dotación neural se refiere a la cantidad de sustrato encefálico disponible: neuronas/neuroglias/red vascular. Los factores que propician la reserva cognitiva, tales como experiencias estimulantes y desafíos intelectuales, tienen un efecto formativo directo sobre el cerebro. La evidencia científica en torno al desarrollo cerebral temprano de los humanos indica que los niños con un coeficiente intelectual más alto tienen mayor volumen encefálico (1). Al mismo tiempo, los adultos con experiencias de vida cognitivamente estimulantes parecen también mostrar una mayor masa cerebral. Se ha comprobado que los ambientes estimulantes y el ejercicio promueven la neurogénesis (adulta) en una zona llamada giro dentado, muy probablemente debido a que estimulan la secreción de BDNF o Factor de Crecimiento Neural Derivado del Cerebro (2). Se ha obtenido también evidencia de que los ambientes intelectualmente enriquecedores podrían prevenir o retardar la aparición de cambios patológicos cerebrales que derivan en demencia senil (3).


Como puede apreciarse, el constructo teórico que llamamos reserva cognitiva integra estas complejas interacciones entre la genética, las influencias ambientales sobre la dotación neural, los factores patológicos y la neuroplasticidad para compensar activamente los efectos del daño cerebral. Ciertamente la educación y otras experiencias aportan capacidades adicionales por encima de la capacidad cognitiva primaria (es decir la dotacion neural y grado de conectividad generados entre la gestación y los siete primeros años de vida). Ya sea formal o autodidacta, la educación continua de alto nivel y el progreso laboral tanto como las actividades recreativas estimulantes y enriquecedoras contribuyen de modo independiente -aunque sinérgico- a la forja de la reserva cognitiva. Se ha estimado que el coeficiente intelectual (IQ) en torno a los 53 años está determinado por la capacidad cognitiva primaria (medida en la infancia), el grado de educación y la ocupación adulta, tanto profesional como los hobbies. Estas observaciones sugieren que la reserva cognitiva no es estática ni crece linealmente, siendo el producto de nuestra exposición a una combinación de factores ”neurotróficos” diversos.


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Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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