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  • Foto del escritorErnesto Prieto Gratacós

NEURONUTRICIÓN: Forjando un cerebro mejor

La construcción, mantenimiento y funcionamiento del cerebro dependen de nutrientes específicos, cuya presencia o ausencia literalmente hace o deshace al encéfalo. Hemos definido hace mucho la neuronutrición como “una práctica alimentaria cuyo propósito central es la optimización de la neurogénesis y las funciones nerviosas superiores, así como la consolidación del aprendizaje.” En contraste, la alimentación genérica gira en torno a saciar el apetito y agradar al paladar.

Fig.1 Multiples ácidos grasos complejos de la dieta humana ancestral cumplieron un rol formativo en la evolución del cerebro. Un lugar especielmente importante debe otorgarse a la médula ósea (tuetanos), que los homínidos aprendieron a extraer hábilmente por medio de rudimentarias herramientas de piedra. La capacidad de "cosechar médula ósea de grandes animales cazados por otras especies carniceras, parece haber sido decisiva en la supervivencia de la frágil especie humana a lo largo de la Cuarta Glaciación.


La importancia de la nutrición es inmensa, tanto que debería ser prescrita como lo que en verdad es: una medicina. En efecto, si bien su influencia no necesariamente se manifiesta de inmediato, consumir de modo sostenido la clase incorrecta de alimentos termina por enfermar seriamente al organismo. Lo mismo es cierto a la inversa. Una alimentación rica en nutrientes esenciales (vitaminas, oligoelementos, ácidos grasos, aminoácidos, bioflavonoides) y con la dosis óptima de combustibles orgánicos –es decir, sin sobrepasar los requerimientos calóricos- consolida la salud y permite la mejor expresión fenotípica posible de nuestro genoma.

Fig.2 En el espectro nutricional humano la variedad de sustancias requeridas por las neuronas y las células gliales que propician una correcta salud cerebral se empieza recien a conocer a cabalidad.


Como resulta evidente, la educación médica convencional dedica a la nutrición apenas un 0,7% de la carga curricular total (unas dos semanas, del total de 288 que toma la carrera de medicina general), cubriendo únicamente los aspectos más básicos de aporte nutricional –proteínas, grasas, carbohidratos, minerales- las enfermedades carenciales clásicas por avitaminosis y algunas reglas de suficiencia, trastornos alimentarios y requerimientos especiales. Como consecuencia, los intentos de resolución de diversas enfermedades gravitan hacia la prescripción de fármacos diseñados para controlar síntomas, aún en los innumerables casos en que la correcta prescripción nutricional corregiría de por vida los trastornos.

Fig.3 Además del rol del folato, la cobalamina, la colina y otras vitaminas del grupo B, la tiamina tiene un rol absolutamente crucial en el desarrollo y mantenimiento de los tejidos cerebrales, y la función nerviosa superior. Mas allá de las espantosas enfermedades neurológicas ocasionadas por la falta de vitaminas durante el periodo embrionario inicial (anencefalia, espina bifida, y otras malformaciones del tubo neural en el embrión), la malnutrición llega a generar patologías psiquiátricas severas.

Fig.4 Bajo condiciones de miseria nutricional (hipovitaminosis y carencia de ácidos grasos y aminoácidos esenciales) la demencia y muchos padecimientos psiquiátricos no tardan en manifestarse. Esta imagen corresponde a trastornos morfofuncionales del cerebro -Encefalopatía de Wernicke- por falta de vitamina B1 o tiamina.


La nutrición provee los elementos constructivos del cerebro, 60% del cual consta de grasas, y tiene profundas implicaciones en la cognición, la conducta, la salud mental y las enfermedades degenerativas durante todo el ciclo vital de los humanos (1). Desde la gestación hasta la tercera edad, la disponibilidad de nutrientes controla influye en aspectos materiales y funcionales de la función cognitiva y las emociones. La deficiencia marcada de iodo durante el periodo gestacional produce cretinismo, una forma de retardo mental congénito grave basado en la perturbación de la función tiroidea. Quizá el ejemplo más claro de su impacto es la ausencia de folato (vitamina B-9) en las primeras semanas del embarazo, que hace materialmente imposible la construcción del cerebro, y conduce a malformaciones del tubo neural, espina bífida e incluso anencefalia (la ausencia total de masa encefálica en el feto).

Fig.5 Oxigenar el cerebo es crítico para el organismo, razon por la que nuestro laboratorio denomina al oxigeno como "la vitamina invisible". La apnea obstructiva del sueño -que priva al organismo de ese nutriente crucial que es el oxígeno- propicia trastornos cerebrales, cardiovasculares y cáncer.


Si bien suelen estudiarse como elementos aislados, no es el impacto individual de cada uno sino la influencia combinada de los múltiples nutrientes y sus interacciones la que define en definitiva la salud cerebral. He aquí algunas distinciones, sobre las cuales existe consenso:

  1. La provisión abundante de omega-3 (ácidos grasos) apoya la función cognitiva.

  2. Las deficiencias de cobalamina (B-12), folato (B-9) y zinc, provocan depresión, irritabilidad, fatiga, irritabilidad y se correlacionan con deterioro cognitivo.

  3. La deficiencia de tiamina (B-1) afecta seriamente las funciones motoras y cognitivas, impidiendo la consolidación del aprendizaje y la memoria de largo plazo.

  4. En adultos y niños, la falta de yodo deprime (funcionalmente) el coeficiente intelectual.

  5. La dieta norteamericana estándar (SAD), mayoritariamente compuesta de almidones, azúcares y alimentos altamente procesados elevan el riesgo de hiperactividad y déficit de atención (TDAH), demencia senil, accidentes cerebrovasculares y Alzheimer.

Fig.6 Extensas investigaciones científicas se han publicado certificando el valor de la Camelia sinensis o té verde en hebras en la salud humana, incluyendo la salud mucrovascular, de extrema importancia en el mantenimiento del trofismo de las células nerviosas.

8 aliados nutricionales del cerebro:

  1. Cacao amargo (90% o mayor)

  2. Sésamo negro y nueces*

  3. Coco orgánico

  4. Huevos orgánicos de pastura

  5. Pescados grasos que no contengan metilmercurio

  6. Broccoli (crucíferas en general)

  7. Café orgánico (no combinar con nada)

  8. Té verde**

*(Almendras, nueces, sésamo, avellanas, nueces pekan, semillas de calabaza).

**(En hebras, jamás en saquito, ya molido y oxidado).



Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Ingeniería Biológica

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